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Crónica del Miércoles Santo 2017

Brilló el sol todo el día. Desde el principio sabíamos que no tendríamos cabildo de aguas. Y sabíamos también que íbamos a participar en un Miércoles Santo único en la historia de la Hermandad: acontecimientos internos y también externos, algunos de ellos inesperados, así lo confirmaron.

Se abrió la puerta principal de la Basílica a las diez de la mañana. Los pasos, terminados y completos, esperaban la llegada de los hermanos de su Cofradía y de quienes quisieran acercarse a poner ante Ellos sus plegarias, unas veces en forma de ramos de flores y otras mediante el íntimo acercamiento silencioso que se muestra en unos ojos que miran con un brillo inusual.

Claveles rojos sangre de toro para Él, rosas de color champán para la Señora, en este caso después de que a última hora hubiera que sustituir el color previsto —rosas de color malva— por una enfermedad floral que hacía imposible su uso. En el paso de palio se mostraban las incorporaciones y mejoras: Nuestra Señora lucía la saya bordada en oro, antigua casulla de finales del siglo XIX, donada por una hermana de la Cofradía y adaptada para su nuevo uso por la bordadora Mercedes Castro. También en el paso de palio los doce varales estrenados en 1993 habían sido restaurados y dorados por Creaciones Soriano, que habían hecho lo propio con las cresterías metálicas del palio y restaurado las 90 piezas de la candelería.

Como todos los años, la capilla de la Misericordia exhibía el altar de insignias, espléndidamente presentadas por el equipo de mayordomía.

A partir de las once de la mañana la llegada de personas se incrementó. Allí estuvieron representantes de las dos bandas y de la Hermandad de la Buena Muerte, que dejaron su ofrenda floral, hermanos que viven fuera de Córdoba y vienen cada año a venerar a sus titulares en el día más grande, cofrades de todas las edades… 

Poco después de las once se nos comunicó que visitaría la Basílica y la Hermandad la ministra de Trabajo del Gobierno de España, Fátima Báñez García, acompañada por nuestro hermano José Antonio Nieto Ballesteros, ex alcalde de la ciudad y actual secretario de Estado de Seguridad. En breves minutos se preparó todo para que las autoridades fueran recibidas con la dignidad propia y siempre con el estilo hospitalario de nuestra Hermandad. 

Al llegar al templo, la ministra y el secretario de Estado fueron recibidos por el hermano mayor y la junta de gobierno, y pasaron a contemplar los pasos y el altar de insignias entre las explicaciones de José Manuel Maqueda; asimismo dialogaron con los presentes, intercambiando comentarios sobre la inminente estación. Al término de la visita, la ministra firmó en el libro de honor de la Hermandad y recibió del hermano mayor, como obsequio, un ejemplar del libro Nazarenos blancos, que recoge dos etapas de la historia de nuestra corporación.

Sin solución de continuidad pasamos a un acto mucho más íntimo, previsto para la jornada: se trataba de ofrecer sendas muestras de reconocimiento a tres hermanos veteranos de la cofradía. En primer lugar, nuestra camarista mayor, Pilar Melguizo Fernández, recibió un cuadro dedicado por su condición de hermana número 1 de la Cofradía y por haber cumplido 80 años de antigüedad en la misma, los mismos que la propia Hermandad. A continuación, el hermano mayor hizo entrega de recuerdos a dos hermanos que han prestado servicios a la Misericordia durante muchos años, en distintas épocas y en diferentes parcelas, pero siempre con un afán de entrega generosa que había que reconocer. Se trataba de nuestros hermanos José Fernández Pedrosa y José Hernández Serrano, que agradecieron emocionados el detalle que se había tenido con ellos.

Tras una pausa para el almuerzo, los hermanos volvimos a la Basílica, donde estábamos convocados para asistir a las seis de la tarde a la Misa de Nazarenos. Los pasos ya brillaban con su luz de cera y los sectores del cortejo tenían sus puestos asignados en las distintas zonas del templo basilical. Tras la celebración eucarística una de nuestras más jóvenes hermanas llevó hasta el paso de palio la bolsa que contenía los Sobres de la Caridad para que fuera en la procesión a los pies de la Santísima Virgen.

Inmediatamente se organizó el desfile y, pasados unos minutos de las ocho menos cuarto, nuestra Cruz de Guía cruzaba la puerta para asomarse a una plaza abarrotada, en la que la luz del sol aún imponía su predominio: por primera vez, nuestra Hermandad iba a tener más de una hora de luz del día completa en su recorrido, lo que generaría imágenes inéditas.

Inédito fue también el recorrido de la Cofradía, que cubrió su zona más tradicional —Escultor Juan de Mesa, Almagra, Socorro, Corredera y Rodríguez Marín— antes de girar hacia Tundidores y Fernando Colón. Estas calles, hasta este año desconocidas en la Semana Santa de Córdoba, acogieron el tránsito de los nazarenos blancos y sintieron vibrar sus paredes con la música de la banda de cornetas y tambores Caído-Fuensanta y la banda de música María Santísima de la Esperanza, que como vienen haciendo desde hace años acompañaban a nuestros titulares.

El itinerario prosiguió por Huerto de San Pedro el Real y el Compás de San Francisco, para acceder por el Arco de dicho Compás a la calle San Fernando. Allí se congregaron muchísimas personas para contemplar, por primera vez, el tránsito de nuestros pasos por tan singular enclave.

A partir de la Cruz del Rastro todo era nuevo. El paseo de la Ribera nos llevó a la Puerta del Puente, y allí, bajo las armas reales de Felipe II, nuestra Cruz de Guía accedió al antiguo recinto amurallado con unos minutos de retraso sobre la hora prevista. Había pedido la venia en nombre de nuestra Hermandad nuestra vicehermana mayor, María Dolores Molina Cubero, que ha sido la primera mujer en la historia de nuestra corporación que ha cumplido este rito anual.

 

Inmediatamente la plaza del Triunfo se llenó se nazarenos blancos con cirio al cuadril, y el cortejo del Silencio Blanco discurrió por Torrijos y Cardenal Herrero para cruzar la Puerta del Perdón.

 

El Patio de los Naranjos estaba lleno de personas deseosas de contemplar nuestra Cofradía. El recorrido previsto por este recinto permitió a los nazarenos contemplar estampas absolutamente impensables hace unos cuantos años: así, por ejemplo, cuando la Cruz de Guía se asomaba al Arco de Bendiciones, los nazarenos del primer tramo podían ver la llegada al Patio del paso de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, y los últimos nazarenos del tramo final podían hacer lo propio con la Cruz de Guía.

El interior del recinto catedralicio era un remanso de paz, de oración y de silencio mientras por él caminaban nuestros hermanos. Nuestro consiliario, con su palabra, facilitaba la reflexión de los cofrades mientras el cortejo pisaba la Santa Iglesia Catedral veinte años después de haberlo hecho por última vez.

El retraso generado al llegar a carrera oficial se compensó en el regreso, cuyo recorrido fue de un trazado casi rectilíneo que pasaba Cardenal González, Lucano, Lineros y Don Rodrigo. A la hora prevista se recogió la Cofradía y los hermanos dimos gracias a Dios por el feliz desarrollo de la estación de penitencia.

Finalmente, y ya a puerta cerrada, cinco costaleros del paso de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo recibieron sendos recuerdos por haber cumplido diez años bajo las trabajaderas.

El Jueves Santo, nuestro tesorero informaba de que el total de donativos aportados al programa Obras de Misericordia por los nazarenos, a través del Sobre de la Caridad, había alcanzado la cantidad de 1.354 euros, lo que significa un incremento del 24% con respecto a los 1.092 obtenidos por ese mismo procedimiento el Miércoles Santo de 2016. No podía haber, sin duda, mejor rúbrica para un Miércoles Santo que quedará en la historia de nuestra Hermandad.

Galería: personas y familias de la Misericordia el Miércoles Santo

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