Miscelánea (2)

Temas varios de la historia de la Hermandad, la Semana Santa y las Cofradías, comentarios de fotografías, anécdotas, etc.

Efeméride: el Santísimo Cristo salió en procesión de rogativas hace hoy 371 años

LA CAPILLA DEL SAGRARIO DE LA MAGDALENA

El Crucifijo de que habla Ramírez de Arellano, y que se veneraba en la capilla del Sagrario de la Magdalena, comenzó a ser llamado, tras la procesión de 1650, «Cristo de la Salud».

La Hermandad del Santísimo Sacramento adquirió la citada capilla en 1695, por lo que en el momento de la procesión que se refiere en el texto de al lado no mostraba el aspecto que se ve en las fotos.

Las dos fotos en blanco y negro situadas sobre estas líneas datan del verano de 1942, con motivo del inicio de la costumbre de hacer el ejercicio semanal de los miércoles ante la Sagrada Imagen.

La foto en color fue realizada, posiblemente en los años 50 del pasado siglo, por el profesor de inglés René Taylor, y es la única foto en color que existe de dicha capilla.

Desgraciadamente, la capilla del Sagrario fue demolida en su totalidad en 1976: en la foto que sigue a estas líneas, tomada hacia 1960 y coloreada digitalmente, se aprecia (señalado con una flecha) el muro de la desaparecida capilla.

 

El 27 de febrero de 1650, hace hoy exactamente 371 años, salió en procesión de rogativas, para pedir el fin de una epidemia, la imagen del Crucificado que, desde 1937, sería el titular de nuestra Hermandad con el nombre de Santísimo Cristo de la Misericordia.

Eran circunstancias parecidas a la actual, pero con diferencias: entonces era sólo una epidemia local, que se había iniciado en Sevilla en 1649, y no se trataba de un contagio que afectara a todo el planeta. Por otra parte, su mortandad fue, con mucho, enormemente superior a la actual. Sólo en Córdoba, afirma Ramírez de Arellano (probablemente con alguna exageración), fallecieron 14.000 personas, y hay que recordar que nuestra ciudad, en aquel tiempo, no debía superar los 40.000 habitantes.

La procesión sirvió como reclamo para que los vecinos de la Magdalena mostraran su caridad y ayuda a las familias afectadas, repartiéndoles, como vamos a ver inmediatamente, lo que en 1650 eran artículos de primera necesidad.

Al describir la capilla del Sagrario de la Magdalena, Teodomiro Ramírez de Arellano anota lo siguiente en sus Paseos por Córdoba:

 

  • «La expresada capilla sirvió de sagrario hasta que la cofradía del Santísimo, cuyas reglas fueron aprobadas en 20 de Noviembre de 1520 por el Obispo D. Pedro Manrique*, contando con fondos suficientes, labró la que hoy tiene con enterramiento para sus cofrades, toda ella revestida de madera azul, con adornos dorados de mal gusto y formando cúpula: en su único altar tiene un Crucifijo de tamaño natural, imagen un tiempo de gran devoción para los vecinos de este barrio, tanto, que en 27 de febrero de 1650, cuando en Córdoba sufrieron la gran epidemia del landre, en que fallecieron más de catorce mil personas, lo sacaron en procesión en unión de San Juan de Dios, de su hospital, y San Pedro Tomás, del Carmen, para llevar a los infestados un regalo o donativo, con que los vecinos de la Magdalena quisieron contribuir a su alivio; consistió en diez carretadas de leña, otra de romero, cuatro cargas de id., ciento catorce gallinas, ciento ocho fanegas de trigo, sesenta espuertas de pan, veinte y cuatro carneros, dos espuertas de alhucema, veinte y siete canastos con huevos, cuarenta salvillas con bizcochos y bizcotelas, una carga de vino, ocho garrafas de id., dos jamones, ochenta y ocho salvillas con hilas y vendajes, dos cargas de naranjas y limones, veinte y siete camisas, doce vestidos de hombre, dos pares de medias de lana, diez espuertas de granadas, ocho pomos de agua de olor, seis botes de manteca de azahar, cuatro macetas de jabón, dieciséis fuentes de hojuelas, cinco canastos con garbanzos y dos esportones con jarros de La Rambla.»

 

 A este texto hay que añadirle una observación: Nuestra Hermandad conserva en su archivo la regla de Hermandad del Santísimo Sacramento de la entonces parroquia de la Magdalena, fechada en 1537 y no en 1520. Posiblemente sea o un error del autor de los Paseos por Córdoba o, por el contrario, que el documento que conservamos en nuestro archivo sea una modificación de unas reglas anteriores. En cualquier caso, queda constancia de la antigüedad de la citada corporación sacramental.

 

 



La primera Hermandad inmaculista: ya en 1673 se exigía a los hermanos hacer voto de defender la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen

 

«Ordenamos y mandamos que, concurriendo en el pretendiente las calidades arriba mencionadas, haya, para su recibimiento, de haber confesado y comulgado sin que sea necesario traer a la tabla cédula de haberlo hecho, y ha de hacer voto de creer y enseñar que la Serenísima Reina de los Ángeles, Madre de Nuestro Redentor Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en el primero instante de su ser natural fue concebida sin el común contagio de la culpa original, entendiendo este soberano misterio en el verdadero sentido que la Santa Iglesia Romana lo entiende y en la misma forma que lo tiene recibido con resignación humilde a los decretos sobre este punto expedidos y los que en otro algún tiempo expidiere».

 

 

Así se dice literalmente en el capítulo 3º de la regla de la Regla fundacional de la «Hermandad de los Santos Mártires de San Pedro de Córdoba», redactada y aprobada en 1673.

 

Con esto queda demostrado documentalmente que nuestra Hermandad, hace exactamente 347 años, ya exigía de sus hermanos la proclamación de que la Santísima Virgen fue preservada del pecado original desde el primer instante de su ser natural, es decir, se exigía la creencia y la proclamación de lo que, tiempo más tarde, exactamente en 1854, sería proclamado como dogma de fe para toda la Iglesia Universal.

De hecho, las últimas líneas del capítulo citado señalan -con indudable visión de futuro- la adhesión ante diem a lo que más adelante sería objeto de proclamación solemne de la Iglesia.

 

La nuestra es, pues, la hermandad de Córdoba que puede documentar la primera manifestación pública de la fe en lo que, andando el tiempo, sería el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado para la Iglesia Universal.