70 aniversario de la incorporación de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo

El 19 de febrero de 1950 era domingo. Ese día, a las once de la mañana, se celebró en la Parroquia de San Pedro una función solemne en honor de la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo. Ofició la Santa Misa e impuso a dicha imagen una nueva corona el Rvdo. Sr. D. Félix Romero Menjíbar, vicario general de la diócesis. Ese mismo día, por la tarde y con el mismo predicador, dio comienzo el primer triduo solemne cuaresmal dedicado a la nueva titular de la Hermandad de la Misericordia

La primera foto

Primera fotografía publicada de la imagen, Apareció en el diario Córdoba el 16 de marzo de 1949

La aprobación

El Obispado aprobó la incorporación de la imagen el 20 de junio de 1949

El primer triduo

Convocatoria de mano de los cultos de 1950, los primeros en los que se incluyó el triduo a Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo


Cuatro fotografías del altar de cultos de 1950; en la primera de ellas, la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo ofrece un tocado distinto. A la derecha, el Santísimo Cristo de la Misericordia ante su dosel

El 12 de junio de 1949 la Hermandad, reunida en Cabildo General Extraordinario, aprobó por aclamación incorporar «como titular de la Cofradía, en unión del Santísimo Cristo de la Misericordia, y bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, a la imagen Dolorosa de la Santísima Virgen existente en la expresada Parroquia de San Pedro en calidad de depósito por traslado desde la iglesia de la Magdalena, en una de cuyas capillas moró durante muchos años, para rendirle culto y para ser sacada en procesión, en unión del Santísimo Cristo en la solemne procesión de penitencia que esta Hermandad celebra cada año en la noche del Miércoles Santo.» La solicitud al Obispado fue remitida el día 15 del mismo mes, y aprobada cinco días después.

Con anterioridad, la prensa local, a través de un amplio reportaje publicado en el diario Córdoba el 16 de marzo, ya anunció que para el año siguiente la Hermandad incorporaría la imagen de Nuestra Señora, aunque sin decir la nueva advocación que recibiría, si bien recuerda que había recibido en siglos pasados el apelativo de «Dolores Chicos».

 Como es sabido, hubo otro intento, que no cuajó, de incorporar una imagen de la Santísima Virgen como segunda titular de la Hermandad; fue en 1939 y se habló de que llevaría el título de Nuestra Señora de la Paz.

 Para la presentación de la nueva titular, y en aplicación de un decreto del obispo de 1948 que prohibía que los altares de cultos cubrieran los retablos principales de las iglesias y ocuparan el centro de los mismos, las imágenes fueron colocadas en sendos altares separados a los dos lados de dicho retablo: Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo en el lado de la Epístola y el Santísimo Cristo de la Misericordia en el del Evangelio, como se puede ver en la foto que ilustra este apartado.

Las primeras camaristas

Incorporada la nueva imagen a la hermandad, se vio pronto la necesidad de contar con un grupo de camaristas específicamente dedicadas a cuidar del aún inexistente ajuar de la Virgen. En la reunión del 1 de noviembre de 1949 se aprobó proponer el puesto de camarista mayor a la señorita Esperanza Laguna Cubero (en la foto), cuya aceptación consta en la siguiente sesión, del 11 de diciembre, así como la confección, entre ella y el hermano mayor, de la primera relación de camaristas, en la que se integraron «las señoras y señoritas doña Genoveva Vázquez de la Torre de Rey, doña Margarita Reina, viuda de Guzmán, doña Carmen Córdoba de Rojas, doña Ángela Montilla de Guerra, doña Esperanza Melguizo de Barbudo, doña Elisa Bellido de Moreno, doña Eugenia Alvarado de Osuna, doña Ángela Navarro de Gisbert, doña Teresa Espinosa viuda de Campos, doña Genoveva Rey de Altolaguirre, doña Rosario Moya de Pedregosa, doña Carmen León de Reina, doña Encarnación Alarcón viuda de Roldán, doña Josefa Salamanca viuda de Conde, doña Magdalena López Cruz, doña Isabel Ciria Gil, doña Mari Cruz Molina Pineda de las Infantas, doña Margarita Guzmán Reina y doña Josefa Salinas Casana» . Varias de ellas ni siquiera pertenecían a la hermandad, pero al ser nombradas camaristas solicitaron el alta y fueron admitidas en la sesión de la junta de gobierno celebrada el 12 de marzo de 1950 .
¿Sabía alguien, en 1949, que la recién nombrada camarista mayor de Nuestra Señora, Esperanza Laguna Cubero (1892−1978), era tataranieta de Antonio Cubero y Díaz de Morales, último hermano mayor de nombre conocido en la hermandad rosariana que había dado culto a la imagen en la iglesia de la Magdalena? No es posible responder a esta pregunta, como tampoco a la de si se tenía noticia de que, al parecer, era asimismo, descendiente a su vez de una señora Díaz de Morales, que cuidó de la imagen de la Virgen durante los últimos años de su estancia en la Magdalena . De tradición familiar le venía, pues, su vinculación a la Dolorosa, y cuentan sus sobrinos Carmen y Enrique Cerezo que, hasta su fallecimiento, seguía llamándola «Virgen de los Dolores»; Esperanza Laguna desempeñó el cargo de camarista mayor de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo desde su nombramiento, en 1949, hasta su fallecimiento en 1978.

El primer triduo

La propuesta de dedicar a Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo un triduo que comenzaría con una fiesta solemne el domingo de Quincuagésima y se prolongaría dos días más, «enlazándose así sin solución de continuidad con el quinario al Santísimo Cristo», fue presentada por Francisco Melguizo a la junta de gobierno el 9 de septiembre de 1949, pero en un principio sólo se aceptó la primera parte, es decir, la función solemne del domingo; el rechazo al triduo se justificó en «que representaría un gasto considerable a gravar los excesivos que actualmente tiene la hermandad» . Hubo que esperar a otra sesión de la junta, del 1 de noviembre, para que se aprobara definitivamente la celebración del triduo, al exponer el hermano mayor que el desembolso que supondría para la hermandad sería de tan sólo 1.500 pesetas .

Los predicadores de 1950

En la misma sesión se acordó que el predicador del triduo fuera el canónigo cordobés Félix Romero Menjíbar, nombramiento que fue ratificado en sesión del 11 de diciembre, junto con el del jesuita Francisco Javier Lucas Trapote, superior de la residencia de Jesuitas de San Hipólito, que había sido propuesto inicialmente a la junta de gobierno y aprobado por la misma el 6 de junio para el quinario.
Félix Romero Menjíbar nació en Priego de Córdoba el 7 de noviembre de 1901; fue ordenado sacerdote en Córdoba el 29 de mayo de 1926. Después de ocupar durante varios años la dignidad de canónigo magistral de la Catedral cordobesa, fue nombrado obispo de Jaén el 16 de enero de 1954. El 12 de septiembre de 1970 tomó posesión como arzobispo de Valladolid, donde murió el 21 de septiembre de 1974.
El predicador del quinario, Francisco Javier Lucas Trapote, nació en 1902 en Autilla del Pino (Palencia). Fue ordenado sacerdote en 1934; durante la guerra civil española permaneció en Portugal, dedicado a la docencia. Llegó a Córdoba en 1949 donde fue superior en San Hipólito; fue destinado a Granada en 1955, donde murió el 11 de mayo de 1991. Fue un fecundo escritor de literatura espiritual, autor de varios libros.
Pero el primer objetivo de Melguizo para la predicación de este año fue la presencia del obispo de Málaga, Ángel Herrera Oria, al que ya se había intentado invitar en 1948; esta vez tampoco pudo ser.

El altar de cultos y la presentación de la imagen de Nuestra Señora

El Cristo de la Misericordia, como venía siendo habitual desde la fundación de la hermandad, había pasado el año en la iglesia de la Magdalena, por lo que fue trasladado a San Pedro, al término del ejercicio semanal en su honor, el miércoles 15 de febrero, cuatro días antes del comienzo de los cultos. La prensa recuerda que, en este traslado, «en la presidencia figuraban el señor rector de la parroquial de San Pedro, don José María Molina Moreno»  y «el prior de la comunidad de carmelitas calzados, fray Alberto Berraquero» junto al hermano mayor y junta de gobierno de la hermandad . En el presbiterio de la parroquia se habían preparado dos altares: uno, al lado del Evangelio, destinado al Cristo de la Misericordia, y otro en el de la Epístola, para la Virgen de las Lágrimas. La crónica del periódico local informa de que «a la llegada a la parroquial de San Pedro se expuso en besapiés la sagrada talla, acto que duró hasta cerca de las diez de la noche» .
En el altar de la Virgen ya estaba colocada la bambalina frontal, ya bordada, aunque sin los flecos de bellota, que no habían llegado desde Valencia, donde se habían adquirido como veremos más adelante.

La "coronación"